Desafinemos un poco nuestras vidas.
Arruguemos las sábanas. Desalineemonos entre el pentagrama de olas que
trae el mar de cada nuevo día. Construyamos tornados de besos y
caricias. Festejemos los ratitos de calma. Perdámonos de la mano en algún
callejón bajo un cielito de primavera. Tropecémonos cada tanto con el
sabor agridulce de rendirnos, desatando el tiempo, lavando heridas y
volviendo a disfrutar del perfume de sentirnos vivos para re-comenzar.
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