Corría el año 90 cuando empecé a escuchar tu música en un casette que rebobinaba una y otra vez con la bic.
Más adelante serías cómplice sin saberlo, de que conociera a dos grandes amores que tuve en mi vida y un sinfín de situaciones y momentos en los que me acompañaste (y aún me acompañás).
No pasa un día -creo- en el que no escuche un tema tuyo. Y ni hablar de las horas y horas que he pasado sacando canciones tuyas en la guitarra, deleitándome y maravillándome con cada acorde, con cada palabra.
Y se me cruzan ahora mismo tantas frases, tantas canciones. Infinidad de enseñanzas.
Lo bueno de esta vida es que, cuando personas como vos se van para ese otro mundo el legado que nos dejan es inconmensurable. Y el extrañar se hace un poco más liviano sabiendo que vas a estar siempre en esa lucecita mágica que es la música, fiel compañera. Que nos abraza y baila a menudo tan dulcemente con nosotros. Que nos encuentra con el corazón vulnerable y el alma desnuda. Que es amor y es sentimiento en el estado más puro.
Gracias pequeño gran ser. Que tengas paz por siempre.

No hay comentarios:
Publicar un comentario