miércoles, 30 de julio de 2014

Me gusta viajar. En colectivo. En tren. En mis dos pies. Viajar con o sin rumbo alguno. Viajar leyendo, escuchando música o simplemente mirando por la ventanilla.
Uno de mis más grandes placeres es viajar con días de sol, en otoño, invierno o primavera. Porque es ese sol que abriga, que no duele. Es ese sol que acompaña y que da alegría.
Me gustan las callecitas empedradas. Las angostas que tienen balconcitos llenos de fragancias y de flores. Me gusta mirar para arriba mientras viajo o camino y pensar quién estará detrás de esa ventana, qué estará haciendo. Me gusta observar los detalles, esas cosas que nadie ve a simple vista.
Me gustan los libros y la música más que cualquier cosa porque me elevan. Me llevan de la mano a mundos distintos, fantásticos, sublimes. Me dan alas. Me gusta el frío. Me gusta el silencio. Me gusta tejer. Me gusta desmesuradamente escribir. Me gusta la filosofía y la cultura, los hombres y la literatura. Me gustan los idiomas que no hablo. Y los que hablo también. Me gusta sentir las texturas. Me gustan los viajes, las aventuras y conocer cada tanto esos pueblos perdidos en el culo del mundo. Me gusta el olor a pan horneándose y el olor a madera. Me fascinan los animales, y la naturaleza.
Me gusta disfrutar un Malbec. Dormir abrazada. Arroparme (o que mejor me arropen). Me gustan los besos intensos. Esos que te arrancan el alma.

Me gusta la vida, a pesar que a veces la mando a cagar. Me gusta el vértigo, el olor a nafta y la poesía.

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domingo, 27 de julio de 2014

En una época me hice amiga de los domingos, los disfrutaba de pe a pa. Pero hoy en particular fue el peor domingo en años.

Últimamente un devenir de cuestiones tormentosas no hacen más que angustiarme y hacerme sentir lo peor del mundo. Pero aún así, con estos frentes de tormenta y todo, resisto. No me resigno a pensar que lo que me quede de vida vaya a ser así. Confío en que la frase mereces lo que sueñas lleva vida consigo. Lleva deseos, ilusiones, esperanza, vida.

En las últimas semanas había empezado a vibrar esa lucecita de ilusión y alegría nuevamente. Me levantaba feliz, radiante, sabiendo que estaba ahí, titilando esa ilusión, esa esperanza, esos mensajes renovadores, ese sentir que a alguien le importás.

Y hoy, apenas una semana después de sementajes lindas sensaciones y momentos, todo se diluyó nuevamente. Volver al estado anterior. Sin repuestas, sin explicaciones ni motivo alguno.
Simplemente un vacío y ni siquiera un adiós.

Es tan extraño el comportamiento de los seres humanos... si realmente algunas personas se dieran cuenta de lo simple que soy. De lo que disfruto las pequeñas cosas...  los silencios compartidos, un abrazo, que me arropen cuando hace frío, contemplar una noche de invierno a través de una ventana... leer y sentirme tan en paz....ay tanto más fácil sería todo.

Pero este vacío me angustia... La no palabra, el no diálogo, el desaparecer.
Y más aún en estos momentos, cuando más te necesitaría.

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martes, 15 de julio de 2014

Lluvia. Nubes. Tristeza*

Un cielo gris cubre este 15 de julio. El mismo que hace 14 años te vio partir. Lejos quedó aquél momento de intenso dolor. Y nuestras almas siguen acá, con el tiempo, transcurriendo. 
El sentimiento es tripartito, pero no decimos nada. Lloramos y callamos en absoluto silencio. Cada uno por su lado, como puede. Creo que ninguno de los tres se anima a ser el primero en confesar la sal en sus ojos y preferimos hacerlo en soledad. Pero dentro de estos corazones hoy te extraña más que nunca. 

Y así como los chicos -tus nietos- van cumpliendo años, el cielo también tiene su edad. Y con cada pérdida sufrida, se fue un poco de nosotros mismos. De nuestra alegría, de nuestro ser, de ese sentirse a salvo todo el tiempo. 
Y así estamos, así va transcurriendo el curso de la vida. Sin el refugio intacto y con estas ausencias tan presentes. 

Pero sabés qué? tengo la certeza de que me escuchás cada vez que te hablo. Desde algún lugar sé que me escuchás. Y nos vas tirando centros cada tanto, para que no aflojemos. Y todas esas cosas que parece que uno ya no recuerda, como tu voz, está en el viento. 

Estas lágrimas no son de tristeza. O sí. Son una mezcla en realidad. Porque siento que no llegué a decirte muchas cosas lindas que sentía y no te pude agradecer mirándote a los ojos. Porque me arrepiento de todo lo que hice mal y porque sólo con el tiempo entendí y aprendí muchas otras cuestiones. Qué lástima, qué poco tiempo tuvimos para compartir... qué efímera es esta vida. 

Tiempo, tiempo...es imposible detener el tiempo. Y cerrar los ojos, es perder. 


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