Aproximadamente
50 kilómetros nos separan y aún así continúo conservando intacta en mi memoria
táctil, la fibra que compone tu epitelio. Como si la distancia pudiera contabilizarse
en las caricias del viento que nos sopla hacia estos lugares tan hermosamente
indescriptibles.
Sé que te
encantaría tanto como a mí estar acá. Que estés, que estés acá. Bajo este mismo
manto azul que titila a los gritos tu nombre.
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