domingo, 12 de octubre de 2014

Aproximadamente 50 kilómetros nos separan y aún así continúo conservando intacta en mi memoria táctil, la fibra que compone tu epitelio. Como si la distancia pudiera contabilizarse en las caricias del viento que nos sopla hacia estos lugares tan hermosamente indescriptibles.

Sé que te encantaría tanto como a mí estar acá. Que estés, que estés acá. Bajo este mismo manto azul que titila a los gritos tu nombre.

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