Me
gusta viajar. En colectivo. En tren. En mis dos pies. Viajar con o
sin rumbo alguno. Viajar leyendo, escuchando música o simplemente
mirando por la ventanilla.
Uno
de mis más grandes placeres es viajar con días de sol, en otoño,
invierno o primavera. Porque es ese sol que abriga, que no duele. Es
ese sol que acompaña y que da alegría.
Me
gustan las callecitas empedradas. Las angostas que tienen balconcitos
llenos de fragancias y de flores. Me gusta mirar para arriba mientras
viajo o camino y pensar quién estará detrás de esa ventana, qué
estará haciendo. Me gusta observar los detalles, esas cosas que
nadie ve a simple vista.
Me
gustan los libros y la música más que cualquier cosa porque me
elevan. Me llevan de la mano a mundos distintos, fantásticos,
sublimes. Me dan alas. Me gusta el frío. Me gusta el silencio. Me
gusta tejer. Me gusta desmesuradamente escribir. Me gusta la
filosofía y la cultura, los hombres y la literatura. Me gustan los
idiomas que no hablo. Y los que hablo también. Me gusta sentir
las texturas. Me gustan los viajes, las aventuras y conocer cada
tanto esos pueblos perdidos en el culo del mundo. Me gusta el olor a
pan horneándose y el olor a madera. Me fascinan los animales, y la
naturaleza.
Me
gusta disfrutar un Malbec. Dormir abrazada. Arroparme (o que mejor me
arropen). Me gustan los besos intensos. Esos que te arrancan el alma.
Me
gusta la vida, a pesar que a veces la mando a cagar. Me gusta el
vértigo, el olor a nafta y la poesía.
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