miércoles, 30 de julio de 2014

Me gusta viajar. En colectivo. En tren. En mis dos pies. Viajar con o sin rumbo alguno. Viajar leyendo, escuchando música o simplemente mirando por la ventanilla.
Uno de mis más grandes placeres es viajar con días de sol, en otoño, invierno o primavera. Porque es ese sol que abriga, que no duele. Es ese sol que acompaña y que da alegría.
Me gustan las callecitas empedradas. Las angostas que tienen balconcitos llenos de fragancias y de flores. Me gusta mirar para arriba mientras viajo o camino y pensar quién estará detrás de esa ventana, qué estará haciendo. Me gusta observar los detalles, esas cosas que nadie ve a simple vista.
Me gustan los libros y la música más que cualquier cosa porque me elevan. Me llevan de la mano a mundos distintos, fantásticos, sublimes. Me dan alas. Me gusta el frío. Me gusta el silencio. Me gusta tejer. Me gusta desmesuradamente escribir. Me gusta la filosofía y la cultura, los hombres y la literatura. Me gustan los idiomas que no hablo. Y los que hablo también. Me gusta sentir las texturas. Me gustan los viajes, las aventuras y conocer cada tanto esos pueblos perdidos en el culo del mundo. Me gusta el olor a pan horneándose y el olor a madera. Me fascinan los animales, y la naturaleza.
Me gusta disfrutar un Malbec. Dormir abrazada. Arroparme (o que mejor me arropen). Me gustan los besos intensos. Esos que te arrancan el alma.

Me gusta la vida, a pesar que a veces la mando a cagar. Me gusta el vértigo, el olor a nafta y la poesía.

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