Un paraguas semi roto, sandalias, un piloto, cartera y una mochila. Es todo lo que llevo hoy.
De pronto alguien se asoma por debajo de mi paraguas -mientras iba por Scalabrini Ortiz, hacia el trabajo- me mira y me dice: "me convidás tu paraguas? puedo ir con vos hasta la esquina?"
No sabía que los paraguas se convidaran, pensé que se "compartían". Pero en fin, fue gracioso oír eso. Sobre todo porque yo iba -como siempre- muy pensativa y romántica, como cada vez que llueve, escribiendo en el aire, adorando cada gotita. Esto me recuerda que una vez vi esos paraguas que son transparentes y pensé lo genial que sería tener uno, dado que no sólo se puede oír el sonido de cada gotita caer contra el paraguas, sino que el hecho de poder verlas, lo convierte en un banquete. (Nota mental: tengo que dejar de ratonear y comprarme uno.)
Por supuesto que no llevé a nadie bajo mi paraguas, aunque debo admitir que fue simpático y me sacó muy tempranamente una sonrisa. Yo iba en mi mundo, caminando como si no existieran las 9am para fichar y como si en general no hubiera tiempo. Disfrutando ese momento con plenitud y escribiendo las notas musicales que me acompañaron durante esas cuadras.
Soy feliz disfrutando los días de lluvia, caminando sin prisa.
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